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EL CIELO

19

Las representaciones y las apariencias en el Cielo

170. El hombre que piensa tan sólo por el lumen natural no puede comprender que en el cielo hay cosa alguna que parezca a lo que hay en el mundo, y esto por la razón de que por ese lumen ha ideado y confirmado en sí que los ángeles son sencillamente mentes, y que mentes son una especie de seres etéreos y en su consecuencia que no tienen, como el hombre, sentidos, por consiguiente tampoco ojos; y no teniendo ojos, que no hayan para ellos objetos; siendo sin embargo así, que los ángeles tienen todos los sentidos que tiene el hombre, aún mucho más exquisitos; la luz por la cual ven es también mucho más luminosa que la luz por la que ve el hombre. Que los ángeles son hombres en perfecta forma, gozando de todo sentido, puede verse arriba (n. 73-77) y que la luz en el cielo es mucho más luminosa que la luz en el mundo (n. 126-132).

171. La índole de las cosas que aparecen a los ángeles en los cielos no se puede explicar con pocas palabras; son por una grande parte parecidas a las que hay en la tierra, pero en cuanto a la forma, más perfectas, y en cuanto a la abundancia, más numerosas. El hecho de que en los cielos hay tales cosas puede ser manifiesto por las que vieron los profetas, como las que vio Ezequiel, referentes al nuevo templo y a la nueva tierra, descritas en el capítulo 40 al 48.; Daniel capítulo 7 al 12; Juan capítulo primero al último del Apocalipsis y otros, de los cuales se lee tanto en la parte histórica cuanto en la parte profética del Verbo. Estas cosas vieron al serles abierto el cielo; y se dice que el cielo se abre al hombre cuando se le abre la vista interior, que es la vista de su espíritu; porque las cosas que hay en el cielo no pueden ser vistas por los ojos del cuerpo del hombre, sino por los ojos de su espíritu; y cuando al Señor place son abiertos estos, siendo el hombre abducido del lumen natural, en el cual se halla por los sentidos del cuerpo, y elevado a la luz espiritual, en la cual se halla por su espíritu. En esta luz he visto las cosas que hay en el cielo.

172. Pero por más que las cosas que hay en los cielos por una grande parte son parecidas a las que hay en el mundo, no son sin embargo parecidas en cuanto a la esencia, porque las que hay en el cielo nacen del sol del cielo, y las que hay en la tierra del sol del mundo; las que nacen del sol del cielo se llaman espirituales, pero las que vienen del sol del mundo se llaman naturales.

173. Las cosas que nacen en los cielos no nacen de la misma manera que las que hay en la tierra. En los cielos todas las cosas nacen del Señor, según las correspondencias con los interiores de los ángeles; porque los ángeles tienen exteriores é interiores; las cosas que están en sus interiores, se refieren todas al amor y a la fe, o sea a la voluntad y a la inteligencia, siendo así que la voluntad y la inteligencia son receptáculos de ellos; los exteriores corresponden a su vez a los interiores. Que las cosas exteriores corresponden a las interiores se puede ver arriba (n. 87-115). Esto puede ilustrarse por lo que más arriba se ha dicho acerca de la luz y del calor del cielo; que los ángeles tienen calor conforme la calidad de su amor, y luz conforme la calidad de su sabiduría, puede verse (n. 128-134). De igual manera las demás cosas que aparecen delante de los sentidos de los ángeles.

174. Cuando me ha sido concedido estar en compañía de los ángeles me han aparecido las cosas que allí hay exactamente como las que hay en el mundo, y tan perceptiblemente, que me parecía estar en el mundo, en la corte de un rey; he hablado también con ellos como hombre con hombre.

175. Puesto que todas las cosas que corresponden a los interiores asimismo representan a estos, se llaman por lo mismo Representaciones, y puesto que varían según el estado interior en ellos, se llaman Apariencias, por más que las cosas que aparecen ante los ojos de los ángeles en los cielos y que son percibidas mediante sus sentidos aparecen y son percibidas tan vivamente como por el hombre las que en la tierra, y hasta mucho más clara—distinta—y perceptiblemente. Las apariencias que de este origen hay en el cielo se llaman apariencias reales, puesto que realmente existen. También hay apariencias que no son verdaderas, cuales son aquellas que por más que aparezcan no corresponden a los interiores. Pero sobre esto más adelante.

176. Para la ilustración de como son las cosas que aparecen a los ángeles con arreglo a la correspondencia se referirá aquí un solo caso. A los que están en inteligencia, aparecen jardines y paraísos, llenos de árboles y flores de todas clases. Allí los árboles se hallan colocados en el más hermoso orden, combinados en arcos que forman glorietas, alrededor de las cuales hay paseos, todo de tanta hermosura que no es posible expresarla. Se pasean allí los que están en entendimiento; cogen flores y hacen guirnaldas con las cuales adornan a los niños. Asimismo hay allí especies de árboles y de flores que nunca se han visto, ni puede haber en el mundo. En los árboles hay también frutas con arreglo al bien del amor en el cual se hallan los inteligentes. Tales cosas ven aquellos, porque jardines y paraísos, así como árboles frutales y flores corresponden al entendimiento y a la sabiduría. Que en el cielo hay tales cosas es conocido también en la tierra, pero tan sólo de aquellos que se hallan en el bien y no han extinguido en sí la luz del cielo por la luz natural y sus falacias; porque piensan y dicen, cuando se trata del cielo, que allí hay cosas que jamás oído escuchó ni ojo vio.

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